El gran Uribe

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La resonante victoria sobre el terrorismo que logró Colombia con el rescate de Ingrid Betancourt y de otros 13 rehenes ha sido posible, por sobre todo, gracias a la decisión política del presidente Álvaro Uribe de combatir a las FARC sin tregua ni concesiones.

Ha sido fruto de la exitosa política de Seguridad Democrática que puso en marcha Uribe cuando asumió el poder por primera vez, el año 2002, con el fin de pacificar su país.

Las cifras hablan por sí solas: Aquel año había en Colombia 22 mil terroristas enrolados en las FARC y el ELN (Ejército de Liberación Nacional), así como unas ocho mil “milicias urbanas”. Actualmente, los dos grupos terroristas no suman juntos ocho mil personas.

Además, en el año 2001, uno antes de la llegada de Uribe al poder, se registraron en Colombia 3,800 secuestros. En lo que va de este año se han producido 89. La disminución es notable.

La lucha que libra Colombia tiene como objetivo quebrar la voluntad de los terroristas, arrebatarles los territorios que aún mantienen bajo su influencia en alianza con el narcotráfico, y liberar a otros 700 secuestrados que las FARC aún tiene en su poder.

El mayor mérito de Uribe es haberse mantenido firme ante las presiones internas y externas que pretenden obligarlo a pactar la paz con las FARC bajo las condiciones de estas, lo cual supone hacer concesiones inadmisibles al terrorismo.

Un estado democrático no debe ceder al chantaje terrorista, porque la historia nos demuestra – sobre todo en Colombia- que darle concesiones significa que se reagrupe y se fortalezca para seguir actuando después, con mayor fuerza, en contra de la democracia.

Las presiones internas contra Uribe son muy familiares para los peruanos, pues están lideradas por grupos izquierdistas que juegan en pared con ONGs de “derechos humanos”, también izquierdistas, que se la pasan acusando al presidente de violaciones de DDHH.

Son esos mismos grupos los que, activando sus influencias políticas en Estados Unidos, han impedido que éste ratifique el Tratado de Libre Comercio con Colombia con el falso argumento de que el gobierno colombiano no respeta los derechos humanos.

Por eso es que sus hermanas peruanas, Aprodeh, Comisedh, IDL, Coordinadora de DDHH, etc., se han quedado mudas ante la brillante operación militar y de inteligencia que permitió el rescate.

Ellos hubieran preferido que Ingrid Betancourt o cualquier otro rehén se mueran en el rescate, para tener así “un caso de derechos humanos” que denunciar contra Uribe y para recibir más dinero de sus financistas externos.

Lo cierto es que gracias a Uribe, Colombia es hoy un país que ha aislado al terrorismo, está en la dirección correcta para derrotarlo de manera definitiva, y se enrumba hacia el desarrollo a partir de una política de integración proactiva en la economía global.

Por todas las razones señaladas, Colombia es el aliado más importante con que cuenta el Perú en la región, para enfrentar con éxito al terrorismo y al narcotráfico, y para forjar juntos una alianza estratégica política, económica y comercial en la región andina.

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