La hora de los partidos

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Es grotesco el cinismo que exhiben los “políticamente correctos” para lavarle la cara a la izquierdista Aprodeh, y son patéticas las piruetas retóricas que hacen para responder a las preguntas de la prensa independiente que recogen la indignación general suscitada por la felonía de esa ONG de favorecer a los terroristas del MRTA en el Parlamento Europeo.

Pero no hay que sorprenderse, los dueños de las ONG son coherentes con sus orígenes políticos en Vanguardia Revolucionaria (VR), el MIR, el Partido Comunista Revolucionario (PCR), la UDP, y otros grupos de ultraizquierda, que fueron los que inventaron Aprodeh y otras ONG iguales para captar dinero del exterior y para maniatar políticamente al “estado burgués” de tal manera que éste no pueda defenderse cuando llegara el momento de la “lucha armada”.

Desesperado por lavarse la cara salpicada, Hans Landolt, hizo pródigo del difunto PCR y socio de la ONG defensora de terroristas IDL, ha declarado que la actitud artera de Aprodeh ha sido solo “un error”, así que no hay porque indignarse, y que si alguien se molesta debe ser un “aprista” o un “fujimorista”.

El IDL, al igual que otras ONG, ha tomado esta vez distancia de Aprodeh, pero no por principios democráticos, como dicen de boca para afuera, sino por miedo a que les “cierren el caño” del dinero que reciben de los Estados Unidos, país en guerra con el terrorismo global. A Soberón esto no le importa porque a él lo financian los grupos ultra izquierdistas europeos.

Más abierto ha sido Luis Sirumbal, cabeza de la llamada Asociación Nacional de Centros (ANC), quien ha compartido públicamente la opinión de su amigo Francisco Soberón al afirmar que el MRTA no debe ser considerado terrorista en Europa “porque el objetivo político de esa inclusión es legitimar la represión de los luchadores sociales” en el Perú, y porque podría crear condiciones a favor de una sentencia favorable a Alberto Fujimori (¡Antes el terrorismo que Fujimori!).

El problema es que para Sirumbal, Soberón, Hans Landolt, y todos los demás de su especie, son “luchadores sociales”, por ejemplo, los “jóvenes inocentes” que fueron detenidos en Tumbes cuando volvían de Quito tras participar en un evento de la Coordinadora Continental Bolivariana (CCB), ente que agrupa a las FARC, el MRTA y a otros grupos armados y totalitarios que conspiran constantemente para liquidar el sistema democrático en nuestro país y en otros.

Queda claro entonces que cuando los dueños de las ONG hablan de democracia no se refieren al sistema democrático consagrado en nuestra Constitución, sino a la “democracia popular” que adoptaron en sus orígenes políticos, y que es la misma que nos pretenden imponer los grupos terroristas como el MRTA, al igual que sus aliados marxistas y chavistas.

Las ONG son los verdaderos “remanentes ocultos” de la subversión derrotada en los 90’. Aprodeh ha dejado en claro cuales son las verdaderas intenciones de esas ONG: Darle protección y cobertura “derecho humanista” a las “protestas” de los seguidores de las FARC, y del MRTA, a las Casas del Alba y todos los demás grupos extremistas que buscan liquidar el sistema democrático.

El Ejecutivo ha dado una primera respuesta al desalojar a Aprodeh del Consejo Nacional de Derechos Humanos. Debe seguir adelante y echar a las ONG izquierdistas de las otras instancias del estado a las que se han infiltrado por la “ingenuidad” o el cálculo electoral Jorge Del Castillo.

Lo mismo deben hacer el Poder Judicial y el Ministerio Público, que han sido infiltrados y condicionados por las ONG izquierdistas, al extremo de que ciertos jueces y fiscales admiten y procesan denuncias indiscriminadas e ilegales que esos organismos promueven en contra de los militares y policías que combatieron y derrotaron al terrorismo subversivo.

Pero la batalla decisiva contra el totalitarismo es política y, por lo tanto, debe ser liderada por los partidos democráticos, los cuales deben movilizar a sus militantes y a los ciudadanos para que se enfrenten y derroten políticamente a los enemigos del sistema en las universidades, en los sindicatos, en los barrios, en las comunidades campesinas, etc. Hay que “quitarle el agua al pez”.

Nuestros partidos cometieron el grave error de rehuir esa batalla frente al SL y el MRTA en los años 80’ y 90’, y facilitaron así el crecimiento letal de esas bandas. Aprendamos la lección y actuemos ya, de lo contrario estaremos condenados a repetir la historia trágica que vivimos.

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