Democracia y odio

delcastillo1

Quien escribe estas líneas es un periodista independiente, ajeno a los movimientos políticos fujimoristas, por lo tanto me asiste toda la autoridad para levantar mi voz de rechazo por la manera en que se desprestigia a la democracia en el caso Fujimori.

Me refiero a la denuncia de Kenyi Fujimori sobre el trato que viene recibiendo en prisión su padre, Alberto Fujimori, pese a tener éste la investidura de ex presidente constitucional de la república.

Es inaudito que el ex jefe de Estado esté sometido a un régimen carcelario más severo que el del cabecilla terrorista Abimael Guzmán Reinoso. Mientras éste tiene derecho a permanecer 12 horas fuera de su celda y a pasear en un patio de 200 metros cuadrados, Fujimori tiene sólo cuatro horas en un pequeño patio de 20 metros cuadrados.

Mientras el jefe de Sendero Luminoso puede recibir la visita de sus amigos y familiares tres veces por semana, Fujimori sólo puede ser visitado por familiares, y nada más que dos veces por semana.

Mientras el líder de Sendero Luminoso tiene acceso a un teléfono público y es libre de intercambiar regalos, correspondencia y libros con sus secuaces de otros penales, Fujimori está completamente incomunicado.

Mientras Guzmán y sus secuaces tienen libre acceso a diarios, revistas, a escuchar la radio y ver la televisión, Fujimori está totalmente aislado.

Nadie tiene derecho a pisotear el estado de derecho, ni los derechos fundamentales, con pretextos absurdos que sólo buscan maquillar un ánimo de vendetta bajo y totalitario.

Quien actúa así no puede arrogarse la calidad de demócrata, mucho menos de defensor de los derechos humanos.

La ministra de Justicia, responsable política de los penales ha preferido hacerse de la vista gorda, lo mismo que el Congreso y cierta prensa que suele rasgarse la vestiduras dizque en defensa de la democracia. El jefe del Gabinete Ministerial, Jorge del Castillo, ha tenido inclusive la frescura de decir que “Fujimori no se puede quejar” del régimen carcelario que padece, negándose a compararlo con el de Abimael Guzmán.

La democracia y el estado de derecho son incompatibles con el odio y la revancha política, menos aún con el cálculo electoral.

Un ex jefe de estado preso con rigor máximo sin motivo alguno, mientras que avezados terroristas disfrutan de privilegios inauditos en la cárcel . ¿Esta es la clase de democracia que nuestros hijos deben heredar?. (victor.robles.sosa@hotmail.com)

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