Un museo para el escribidor

Por Alcides Albente

Solo a don Mario Vargas Llosa se le pueden permitir todas las licencias. Es Vargas Llosa al fin y al cabo, el escritor peruano más encumbrado de toda nuestra historia. Lo respeto y lo admiro.

A propósito de las poco felices declaraciones  del Ministro de Defensa -a las que, dicho sea de paso, ya nos tiene acostumbrados- “el Perú no necesita museos”, nuestro ilustre escritor publicó un extenso artículo en El Comercio hace unos días, mostrándose a favor de la donación.

 Leo a Don Mario, y no me queda más que confirmar  -no sin sentir pena por haber sido simpatizante del Movimiento Libertad- lo que piensan muchos y desde hace mucho tiempo: si MVLL hubiese llagado al poder en 1990, el Perú  se habría convertido en  la Colombia de Pastrana, es decir el Camarada Gonzalo reinando en el ande peruano, desafiando al Estado, para luego asistir     a la claudicación de los Paniaguas y los Toledos materializada en  mesas de negociación. ¿Acaso creen ud que estos tres caballeros no hubiesen hecho lo  mismo que el débil Pastrana con Tirofijo?

 

Pero, siempre Don Mario, merced a su inquebrantable desprecio por Fujimori es capaz de dar por cierto lo que solo existe en las paginas de la Fiesta del Chivo. Y sumergiéndose en las profundidades de la novela, este hombre extraordinario, con la soberbia que algunos grandes personajes no pueden evitar que se les escape, inventa: “nadie criticó al terrorismo de Sendero Luminoso y del MRTA más que yo”, le falto decir, mejor dicho inventar: “organicé mítines contra el terrorismo exigiéndole al gobierno de García que tome decisiones políticas para vencer a ese flagelo”.  

 

Sin embargo, para don Mario  más importante  fue la plata de los banqueros que la seguridad de todos los peruanos. A pesar de  su genialidad y su honestidad de hombre de bien, desde hace dos décadas, Vargas Llosa es, a cuanta propia o más bien a la de su fantasía literaria, un desmitificador de la victoria contra el terrorismo del gobierno de Fujimori. Equipara, como es mandamiento en la Biblia caviar (el informe de la ex CVR) a las fuerzas del orden con el terrorismo.

 

Ya no en la novela, ni en el cuento, Vargas Llosa   más parecido a un oscuro cronista del vocero caviar La Republica,  que al gran novelista que todos apreciamos, se retrata como un tonto útil mas del neomarxismo onegiento, filosenderista, progay  y embustero. Y siempre en su línea narrativa, desde donde surgen sus demonios, don Mario afila sus dardos contra los uniformados, pero  sin el humor de  Pantaleón y las visitadoras. Esto se explica  en su antiguo desprecio a la autoridad que le viene  de la  tormentosa relación que tuvo con su padre, mismo mal que padece  el comediante   Bayly con idéntico síntoma. Mas bien si de reírnos se trata, en  el Pentagonito podemos encontrar a un regordete ministro que tiene un gran repertorio como   una linda que soltó hace poco en respuesta a las criticas de MVLL : “no voy a permitir más groserías (a Vargas Llosa)”. Seguramente. Junto con don Mario, todos nos reímos y nos preguntamos ¿que podría hacer Garfield en este caso?

 

En su mucho menos afortunado quehacer político, nuestro intelectual ha zigzagueado mucho y del 90 para acá .  Desde la derecha liberal, que él fundara en el país como alternativa política real y de masas, se ha corrido a un centro izquierda, siempre liberal, que comparte con apristas, caviares y demás  zurda no marxista inspirada en la moderna socialdemocracia europea. En su crónica, Vargas Llosa se deja llevar por el lenguaje caviar y adopta sus términos, tal como ayer se sometiese al lenguaje político de las medianías del PPC-AP que al final le valieron su ruina política.

 

En su “novela” como en la realidad de los caviares y la de muchos que piensan como ellos, no  hay espacio para entender que un importante sector de la sociedad, por no decir la mayoría, entre los que se encuentran las FFAA, no está  de acuerdo con el Museo ni con el informe de la exCVR. Esto no los convierte en locos ni mucho menos en intolerantes. Lo que sucede es que dicho informe, diga lo que se diga, ha equiparado la acción de Estado a través de sus Fuerzas Armadas con las barbaridades del terrorismo.  En contraposición, el caviaraje traidor y vende patria se ha esforzado en prpagar  la idea de que todo aquel que se opone al informe de la ex CVR o lo critica, es un montesinista, fujimontesinista o fujimorista autoritario, fujiantidemocrático y veinte combinaciones mas de ese tipo.  Por que, siguiendo al blogger Victor Robles, oponerse al mamotreto o lo que es lo mismo  ser fujimorista es “políticamente incorrecto”.

 

Como escribe Aldo Mariátegui, hacer museos cuando esa historia no ha concluido es un despropósito. La lucha contra el terrorismo aunque con menos intensidad, continua.

 

Por supuesto que el Perú necesita museos, pero más para honrar su pasado milenario, para conservar nuestra cultura, nuestro patrimonio histórico, y para beneficiar nuestro turismo externo e interno más que para hacer un museo donde sutilmente se reconocería el carácter “social” de la lucha de Sendero y del MRTA, que no quepa duda de eso, además de   otras “joyas” que no faltaran. En vez de haber gestionado dos millones para un museo que solo causa   división ente peruanos aun cuando ni siquiera ha sido construido, los caviares debieron pedirle al gobierno alemán, si tanto les interesa la cultura y la memoria, que destinara ese dinero a nuestros diferentes museos. Si tan solo una parte de ese dinero lo recibiese el Convento de los Descalzos del Rimac, o   los trabajos de los arqueólogos en las ruinas preincaicas, cuanto mas se beneficiaría sin duda el país. Claro esta que nadie puede decidir por el donante más que el mismo, sin embargo, si el pedido hubiese ido por ahí, hubiese sido distinta la cosa.

 

Lo que los caviares deben entender o aceptar es  que lo que pasó en el Peru de los años ochenta y noventa no fue un holocausto bajo una dictadura, lo que ocurrió fue una lucha a muerte  contra el terror.  Que no se olvide que la supervivencia del Estado se hallaba en peligro.

 

Podrá decirse lo que se quiera sobre las FFAA en su lucha contra SL y el MRTA, y lo que se hizo para derrotar a este enemigo de todos los peruanos que queremos vivir en paz y en libertad en nuestro propio territorio, pero miles de uniformados dejaron esposas, padres, hijos, para ir a patrullar a los lugares mas remotos del ande peruano. Fueron a buscar  a un enemigo que podía estar debajo de los ponchos de campesinos, al parecer, apacibles y bonachones. Muchos soldados no regresaron jamás, otros quedaron mutilados o afectados sicológicamente de por vida, y otros excedieron su órdenes. Entiéndase bien: no hubiese podido ser de otra manera, o en todo caso la alternativa era terminar como Colombia.

 

Con todo esto, lástima que don Mario esté del lado de quienes fueron furibundos adversarios de uno de sus más memorables construcciones: el Movimiento Libertad.  Y esa no fue una novela.