Ecoteva y Humala

toledo-humala  Al ser interrogado en el Congreso sobre las millonarias compras inmobiliarias de su suegra, Eva Fernenbug, Alejandro Toledo aseguró que no tenía nada que ver con esos hechos y prometió que dejaría de la política si se probaba que él había constituido una empresa en Costa Rica. También dijo que viajó a San José solo para ver a “su amigo” el vicepresidente Luis Liberman. Sigue leyendo

Cuidado con los moralizadores

moralizadores  El presidente Ollanta Humala parece sufrir el síndrome del “doctor Jekyll y el señor Hyde”, pero en lo político. Hace unos días recibió a Bill Clinton, el miércoles estuvo con el primer ministro de Canadá, Stephen Harper, y ayer asistió a la cumbre presidencial de la Alianza del Pacífico, mostrando en los tres casos su lado progresista y popular, en el sentido estricto, no ideológico:  Comprometido con el progreso del su país y el bienestar de su pueblo.  Sigue leyendo

Toledo en aprietos

toledo2  Cada vez que un “referente moral” de la izquierda aparece envuelto en un escándalo de corrupción, aquella desempolva sus fobias antiapristas y antifujimoristas, y mueve de inmediato a sus operadores judiciales –igual que Montesinos– para reavivar viejos casos inconsistentes, o inventar nuevos, en procura de tapar a su protegido. Sigue leyendo

La otra gran promesa incumplida

Toledo de juerga  La noticia de que la señora Eva Fernenbug, suegra del expresidente Alejandro Toledo, se ha comprado ahora una súper oficina de más de 800 mil dólares en Lima pone de nuevo en el debate un viejo y recurrente tema en la política peruana: la corrupción.

Cuesta mucho trabajo creer que una anciana sin fortuna conocida se haya convertido, de la noche a la mañana, en millonaria después de que el esposo de su hija dejara la presidencia del Perú. Cuesta tanto creerlo que el Ministerio Público ha iniciado de oficio una investigación del caso. Y también el Congreso. Sigue leyendo

Dos casos de injusticia extrema

Gral. Juan Rivero Lazo, víctima de la injusticia

Gral. Juan Rivero Lazo, víctima de la injusticia

Ahora que millones de peruanos estamos saliendo de la pobreza gracias al crecimiento económico que genera el libre mercado, no debemos olvidar que la prosperidad que disfrutamos hoy hubiese sido imposible sino se pacificaba antes el país. Nadie hubiese invertido un solo dólar en el Perú sin un clima de inversión propicio.

Ambos  logros, crecimiento económico y la paz, nos costaron sangre, sudor y lágrimas, literalmente. El pueblo peruano asumió con estoicismo los costos que demandaron ambos procesos: El necesario e inevitable ajuste que estabilizó la economía devastada por el estatismo,  y las medidas de seguridad extraordinarias que hubo que aplicar para acabar con el terrorismo. El pueblo se sacrificó durante años y ahora cosecha los frutos de ese sacrificio. Tenemos que reconocerlo. Sigue leyendo