La extraña ingenuidad presidencial

  El presidente Ollanta Humala ha tenido la extraña idea de inaugurar un nuevo periodo de su gobierno al que llama “del diálogo”, justo cuando el país se llena de fogatas extremistas por doquier que buscan tirarse abajo la Constitución y el modelo económico.
Parece haberse olvidado de que su gobierno recuperó la autoridad en Cajamarca cuando congeló las cuentas bancarias del gobierno regional e impuso el estado de emergencia por primera vez, después de que el gabinete Lerner fue desbordado por los antimineros. 

Esta misma receta funcionó en Espinar, donde el Ejecutivo restauró la paz y el orden después de que se arrestó al alcalde Mollohuanca y se congelaron igualmente las cuentas bancarias del municipio. 

Ambos hechos dejaron en claro que el Gobierno debe dialogar -de hecho lo hizo-, pero también está obligado a imponer la autoridad con los mecanismos que le facultan la Constitución y la ley cuando el interlocutor recurre a la violencia. 

Sin embargo, cuando recrudeció la violencia en Cajamarca, de pronto el Gobierno renunció a su deber de hacer cumplir la ley y en vez de ello convocó a un cura progre para “facilitar” un nuevo diálogo. Legitimados por la debilidad del régimen, los extremistas le respondieron: Nada de diálogo y Conga no va. 

Humala se equivocó al apartar de Cajamarca a Oscar Valdés y encargarle el problema a Juan Jiménez Mayor. Los resultados están allí: nadie respeta el estado de emergencia, murieron cinco ciudadanos, ningún vándalo ha sido sancionado y los extremistas imponen condiciones otra vez. 

Sorprendentemente, Humala ha premiado con la presidencia del Consejo de Ministros a Jiménez, quien ha iniciado su gestión declarando que el suyo será el “gabinete del diálogo”. Ha creado también la Oficina Nacional del Diálogo y ha remarcado su perfil caviar visitando a la cúpula comunista de la CGTP. 

Como era de esperarse, Gregorio Santos lo ha ninguneado al sostener que el único que puede resolver el problema en Cajamarca es Humala. 

También ha sido patético ver a Jiménez tomándose fotos con Mario Huamán, horas después de que éste declarara que en el nuevo gabinete “predomina la derecha neoliberal y antipopular”. 

En solo 48 horas, los radicales de izquierda le han puesto una lápida al nuevo gabinete. Para ellos ha nacido muerto y no les merece respeto. 

Era obvio que eso iba a ocurrir. ¿El presidente es tan ingenuo o es maquiavélico? ¿Acaso quiere que se multipliquen las fogatas en el país para virar otra vez a la gran transformación? 

Todo indica que el tercer gabinete de Humala durará menos de seis meses, será devorado por el monstruo antiminero de tres cabezas (Santos, Saavedra, Arana) y Sendero Luminoso seguirá avanzando a grandes trancos, a través de sus mascarones Conare y Movadef. 

Es que cuando un gobierno es débil, los extremistas lo avasallan sin tregua, se aprovechan al máximo para ganar todo el espacio político posible. 

Otra vez pregunto, ¿es tan ingenuo nuestro presidente?
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