Gregorio Santos ha cruzado la línea que divide a los demócratas de los totalitarios. Su incitación a derrocar al gobierno es inaceptable, pero ha servido para que las fuerzas democráticas cierren filas en defensa del sistema. Sigue leyendo
Gregorio Santos ha cruzado la línea que divide a los demócratas de los totalitarios. Su incitación a derrocar al gobierno es inaceptable, pero ha servido para que las fuerzas democráticas cierren filas en defensa del sistema. Sigue leyendo